En un año ha pasado de repartir bombonas de butano en Sevilla a lanzar disco con una multinacional, atesorar cientos de seguidores y cerrar una gira de más de cien conciertos

Nuestros sueños es la canción favorita de Camarón de la Isla de Marcos Borrego López, un joven de Utrera que con 40 años no podía imaginar que “ya de mayor, con la vida hecha”, iba a tener la oportunidad de dedicarse profesionalmente a su gran pasión: la música. En las reuniones familiares, su padre interpretaba los temas del gaditano, de Los Chichos o de Gaspar de Utrera. Allí fue donde de niño y con total naturalidad se arrancó a cantar. Ya no paró. “El niño de Marcos canta muy bien”, comentaban los vecinos del pueblo. Por eso decidió quedarse con Demarco Flamenco como nombre artístico.

Camarón, que este año hubiera cumplido 67 años, actuó por primera vez a los cinco y con 19 sacó su primer disco. Marcos ha debutado en la industria discográfica y en un escenario superando la treintena. Su trampolín es el mismo que utilizaron músicos tan dispares y exitosos como Pablo Alborán o el británico Ed Sheeran: la red. Los vídeos de sus canciones superan los 31 millones de visitas en Youtube. En Spotify, su estreno discográfico, Uno (Warner Music) registra diez millones de escuchas.

De cantar en familia pasó a hacerlo en el camión de reparto de bombonas: “Me ponía la radio y cantaba sin parar”. “No estudié porque no era muy paciente y me puse pronto a trabajar”. “He sido de todo: repartidor en la industria cárnica, carpintero… hasta que me puse con el butano”. Una mañana, cansado de tararear siempre las mismas canciones, se propuso escribir una letra. Dentro del vehículo y en una nota de voz del teléfono móvil inmortalizó su primera historia, la de un amor platónico, -Esa carita-. “La colgué en la red y comenzó a tener muchísima repercusión, no me lo esperaba y se la hice llegar por Facebook al músico y productor -José Antonio Velasco Ruiz-”.

Desde el principio, el productor vio claro que el joven tenía algo distinto y le propuso un encuentro. Marcos dudó en aceptar la invitación: “Desconfiaba. Menos mal que mi mujer, que me había regalado el equipo con el que grabé el tema, me animó a ir”.

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